El vuelo de Juan

El vuelo de Juan

Juan, digamos que calvo, se enfrenta al vuelo con una novela empezada y con el hipnotismo de la música del avión. Está sentado en el 20D, que ha conseguido cambiar con un portugués por el 20E. Es decir, ha evitado la ventanilla. Paso 1.

Nada diremos de su pasado alexitímico porque lo superó, aunque conviene mencionarlo por algunas de las secuelas que le quedaron incrustadas en el sistema límbico. Por ejemplo, reconoce las sensaciones corporales de la ansiedad pero es incapaz de reconocer que la padece.

Como es metódico, Juan coloca las piernas de la forma más eficaz para soportar un golpe, en ángulo recto. El libro lo coge con la mano derecha, que es la de los reflejos, y con la izquierda se aproxima con un sigilo clandestino al cuerpo del portugués, porque así consigue evitar el desamparo durante las turbulencias. Si el portugués no reacciona, dará por concluido el paso 2. No reacciona. Paso 2.

Conoce los siguientes pasos: afianza el seguro, comprueba su chaleco palpando con disimulo debajo de su asiento y evita echar un ojo a la sección de horóscopos que está leyendo el portugués. Cree que lo logra, pero el inconsciente ha registrado un “Sagitario: evita los…”. Como es Sagitario, la amígdala, sin ser Juan consciente, lanza algunos sudores a las manos, sensación que sí percibe con cierta sorpresa.

Tenemos a Juan cerrando los ojos y al avión despegando. Nota la presión que ejerce la velocidad sobre su cuello, que le fija al asiento, mientras un bebé emite un llanto que debe proceder de la cola del avión y que se diluye, lejos de molestar, con el hilo musical del aparato. Como se le acumula cierto sofoco en los brazos, decide quitarse el polar. Toma el gesto como una excepción al método, uno de los síntomas de la liberación del miedo porque nunca se ha permitido tales licencias, pero el límbico no evita registrar de nuevo una señal de mal augurio.

Se ha enredado una manga del polar, de manera que le pilla desprevenido el alzamiento del avión. Juan ha clavado sus pies al suelo. Habría dejado su huella, por la cara que pone, de haber ejercido semejante fuerza, pero la presión de las plantas de los pies deriva en una imagen en la que Juan mide la distancia que separa progresivamente la plataforma de la pista de despegue. Para evitar la impresión, pues la distancia se agranda, construye una escalera fantasmal que podría sacarle de allí, pero la destruye al momento porque casi nota el vértigo de su descenso.

Un pequeño ejército de mariposas grises revolotea a la altura del ombligo de Juan.

Había proyectado, sentado en el aeropuerto, que “un vuelo no es agradable hasta superar el paso 5″. Echa mano del que considera su último recurso que era la capacidad de concentrarse en la lectura o de distraerse, es lo mismo, con tal de no enfocarse minuciosamente a los detalles del drama. Afronta la ansiedad con distracciones, pues, como le dijeron, así que abre el libro con un ademán rapidísimo. En los oídos va produciéndose un eficaz proceso de taponamiento sin resquicios con el exterior. Los golpes del corazón parecen alicatar desde dentro el aislamiento. Ha conseguido una apacible inquietud sentado en el salón de sus pensamientos. Más tarde gestionará la explosión de dentro a fuera que lo conecte con el exterior. El recogimiento le permite escuchar la respiración, como hacen los buzos bajo el mar.

El contrapunto de la euforia silenciosa de Juan aparece a pie de página. Está en la página 666 durante estas turbulencias. Como se pone nervioso, trata de leer más rápido. Pasa las letras a la carrera. Esas hormigas son lentas, se dice, y no ve el momento de llegar a la 667, donde cree que estará a salvo.

En su delirio, Juan compagina una eventual catástrofe con la acción del protagonista de la novela. Un pirata de ficción retumba con su pata de palo el ambiente de una posada que llaman “El almirante Benbow”. A cada paso del pirata, el avión compensa un golpe. Juan acompasa sus palpitaciones con la acción del pirata, que ahora golpea la barra del bar de la posada, e imagina la acción del ron sobre su lengua como si lo estuviera bebiendo. Se agita el pirata y el avión, pero no llega la 667 al pie de página, donde mira Juan de reojo.

Entiende que la ficción no supera la realidad cuando Juan no lo soporta y lanza de súbito la novela hacia atrás. Digo de súbito porque la rapidez con que se desprende del libro me recuerda la velocidad con que se retira una mano del fuego.

Como cesan las turbulencias, cree haber conjurado el mal augurio con el desprendimiento del libro. No le importa porque siente alivio, pero le ha dado al bebé con la novela y el portugués emite algunos aullidos. Lo sabe porque los aullidos penetran por algún resquicio del tapón, del que deduce que está debilitándose.

Se deja zarandear Juan, o su amígdala, por el que supone que es el padre del bebé. Le han golpeado el pómulo, cree que con la mano abierta, y conoce que el siguiente golpe vendrá con la mano cerrada, porque no puede impedir una sonrisa de victoria bien trabajada. Paso 5.

La ficción de la “cosa Rato”

esposas

Hoy se publica mi columna quincenal en The Objective: Se nos ha colado la ficción. A ver qué os parece:

En nuestra democracia real se deslizan pedacitos de la imaginación. El pedazo que ocupa la ficción, claro, amputa una porción del cuerpo de la realidad, de manera que hay días que andamos sin aire, otros cojos, algunos días ciegos y, por lo general, sordos.

Es difícil dar con la porción irreal, aunque notemos los síntomas, como la cojera o la asfixia, pero en ocasiones, como en el caso de la detención de Rato, se ve la costura y, bien mirado, hasta cómo se echa el telón.

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“La mujer loca”, mi última lectura de Millás

Imagenes-locuraComo siempre que termino un libro de Millás, me queda el cuerpo con una sensación de extrañeza y otra de reposo. Por un lado, el del reposo, certifico que he asimilado un lenguaje genial, muy cuidado, limpio. Por otro, el de la extrañeza, se me agarra al final de los ojos un filtro que deforma todo cuanto veo, como si al final del libro te colocaran unas lentes que no son tuyas. Ves mal la realidad hasta que te acostumbras. Así que ahora veo diferente y me he despertado con la idea de que podía mover el tiempo igual que puedo mover un sofá.

Y así.

Gráficos | Todas las donaciones de constructores al PP (1998-2008)

ConstruccionEl Partido Popular recibió donaciones de constructores beneficiados por adjudicaciones públicas al menos desde 1990 a 2008. El monto de esas donaciones es de 5.274.727€. Una media de 293.000€ al año.

Los años 2003 y 2004 registraron más de 1.000.000€ en donaciones cada uno. Juan Gabriel Cotino Ferrer, de la constructora Sedesa, expresidente de las Cortes Valencianas, entregó 200.000€ en dinero negro el 11 de marzo de 2004, el día del atentado en la estación de Atocha.

Los datos que manejo se dan por acreditados en el auto del juez Ruz del 23 de marzo de 2015. El PP registró las donaciones al margen de la contabilidad oficial (presentada al Tribunal de Cuentas).

Todas las sociedades que fueron registradas en la contabilidad paralela como aportantes de donaciones al PP […] mantenían contratos vigentes de prestación de servicios o realización de obras o suministros para la Administración Pública en el momento de efectuarse las aportaciones, habiendo resultado todas ellas adjudicatarias de contratos por administraciones públicas gobernadas por el PP durante el periodo temporal comprendido entre 2002 y 2009 (página 21).

Gráficos

 

Los dos donantes principales

  • Sando (1974), constructora andaluza. Se le adjudicó, entre otros proyectos, el metro de Málaga, varios aparcamientos de ciudades andaluzas, la autopista Madrid-Toledo o el Hospital del Tajo (Aranjuez). José Luis Sánchez Domínguez, presidente de Sando, entregó 1.250.000€ al PP en sobres entre el 2002 y el 2008. El Ayuntamiento de Málaga firmó un contrato en 2015 de más de 26 M€.
  • Grupo Azvi (2002). El mismo año de su creación como S.L. dona 90.000€ al PP. A través de Cointer Concesiones Intercontinentales ha recibido adjudicaciones del aparcamiento del Hospital Virgen del Rocío, limpieza y recogida de residuos de Cádiz, la gestión del aparcamiento del Aeropuerto de Bilbao, mantenimiento del AVE Madrid-Barcelona-Frontera Francesa y proyectos compartidos con Sando (autopista Madrid-Toledo, metro de Málaga). Su cartera de concesiones asciende a 4.579 M€. Manuel Contreras Caro, presidente del Grupo Azvi, entregó en mano 858.000€ desde 2002 a 2008. Su sobrino, Miguel Contreras Manrique, fue tesorero del PP andaluz con Javier Arenas.

 

Detalle de las donaciones

 

La conclusión del juez sobre los “Papeles de Bárcenas”

“Las diligencias […] permiten racionalmente concluir la realidad de determinadas entradas de fondos dinerarios opacos o en “B” a favor del Partido Popular. […] la existencia y circulación en el seno del Partido Popular de diversas corrientes financieras de cobros y pagos continuas en el tiempo, al margen de la contabilidad remitida por el Partido al Tribunal de Cuentas y sin la correspondiente declaración ante la Hacienda Pública, integrando sistemas paralelos de funcionamiento y gestión económica-financiera de la formación política a modo de contabilidades opacas o ‘cajas B'”.

Mi primer reportaje en papel

Marcos Ana en TintaLibre

Creí que me iba a gustar más ver un trabajo periodístico mío en papel. Pero lo que más me gustó fue la satisfacción con que me hablaron mis amigos.

Mi primer reportaje publicado en papel es sobre el poeta Marcos Ana y apareció en el TintaLibre de marzo.

El número de TintaLibre está dedicado a Andalucía. Las elecciones se celebrarán el 22 de marzo. De manera que el reportaje es una rareza.

Me encanta la edición de este medio. Además, algunos de los periodistas que firman este número son referentes para mí en el oficio. No acabo de encontrarme bien entre tanto profesional con experiencia.

Otro error de mi primer reportaje publicado en papel fue releerlo. Taché con la mente casi todas las frases: esto se puede decir con menos palabras, habría cabido aquella escena, esta descripción puede mejorar. Pero mucho. ¿Dice algo cada palabra que has puesto? ¿Qué me diría @jordipc después de tantas clases: “no has entendido nada”? ¿Cuánto habrá corregido Miguel Ángel Villena? ¿Por qué pones tantos adverbios? ¿Queda claro quién es Marcos Ana?

Y así.

Me parece que una vez publicado en papel he ganado confianza en que sí: es posible vivir de este oficio. Es posible contar historias emocionantes. Es posible hacerte un hueco. Jesús Maraña me dijo en la redacción de InfoLibre que no dejara nunca el boli. Que adelante.

Y, después de todo, qué coño, qué bien sienta que te publiquen.

La foto de este post es de Sarah Lázare, una amiga. Me parece genial que el periodismo se lea recostado.

Os dejo la entrevista en vídeo que le hicimos a Marcos Ana para nuestro proyecto de periodismo narrativo:

La autopsia

El ascoConocía a Sánchez de vista. Tenía el aire de los hombres preocupados que se bajan del coche con el esfuerzo de una sonrisa. Yo lo vi bajarse de un mercedes negro sonriendo de camino a un gran edificio. Iba sorteando a los periodistas por la escalinata y noté que giraba la cabeza donde sonaba el disparo de un flash. Nadie le avisó de que aquel edificio era una sala de autopsias repleta de cadáveres que hablaban.

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Del revés

Palosclavos

Es verdad que llegaron con palos en las manos, pero nosotros éramos más y en ningún momento vimos los clavos. Sí, yo salí corriendo. Raúl se quedó parado y el único que le echó cojones fue Jorgito que gritaba como un energúmeno que los iba a matar, hijos de puta, y al final fue al revés.

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Mi hijo Tomás

Callejón, violacionesDe camino a la habitación de mi hijo, por las mañanas, voy a despertarle palpando a oscuras la pared con la mano. Hacia la mitad del trayecto, invariablemente, oigo mis pisadas sobre el parqué y entonces miro hacia atrás con una angustia en el pecho que sólo desaparece al llegar a la cama. Hoy, sin embargo, he creído ver en la cara del niño el mismo rostro en penumbra de hace cinco años y por un momento, en un arrebato, he puesto las manos alrededor de su cuello durante el segundo que ha tardado Tomás en sonreír y decirme buenos días en lugar de gritarme puta. Qué alivio.

Lo del pastor

cabra

—Eres un personaje de novela —me dijo JR.
—No.
—Sí. Eres un personaje de novela.

Tan pronto acabé de escucharle terminar la frase sentí un deslumbrante destello caliente que me estalló en la cabeza. Cuando recuperé la consciencia me llegó el olor a estiércol y a medida que recuperaba la visión iba apreciando los elementos típicos de un paisaje de campo. Me levanté poco a poco, aunque me pinchaban los tallos de trigo sesgados. Un cabritillo me estaba oliendo la nuca y pensé que el olor a chivo no se me iría nunca de la ropa. En eso estaba cuando un hombre venía gritando hacia mí, desesperado, agarrándose un sombrero para que no se le cayera y esquivando las irregularidades del suelo como podía.

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El swing de la bailarina

gin-tonic

—Un gin-tonic, por favor —dijo ella.
—¿Es usted la bailarina? —le pregunté, turbado.
—Eso parece, cariño
—El vestidor está por ahí…
—Gracias
—¿Acostumbra a llegar pronto?
—¿Es usted policía?
—Sólo preguntaba
—Espero que prepares mejor las copas que las preguntas
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