Venía yo a decir algo y tal y tal

Venía yo a decir algo que se me pasaba por la cabeza sobre esta nueva legislatura, que ya parece tan larga y que nacía de una mentira en un golpe de laboratorio, cuando sin querer se me ha presentado una de las mejores noticias para la cultura, tal y como yo lo entiendo. Digo que venía yo reivindicándome aquello de la educación pública y la sanidad, la separación de poderes y tal y tal, pero en un paseo por la red he descubierto que la editorial Gredos ha publicado en formato digital su “biblioteca clásica”. Es decir, que en lugar de centrarme en Rajoy, mi cabeza se ha centrado con entusiasmo en la historia imprecisa y bella de Roma que escribió Tito Livio o en el Banquete de Platón que, junto a la Biblia, creo que dicen más de nuestra forma de percibirnos que las noticias políticas de actualidad. Y como acabo de volver de vacaciones y traigo un ritmo lento y en un nuevo país todas las miserias son lecciones y todas las lecciones son riquezas, me he tomado un tiempo para revisitar un poema que me aleccionó y enriqueció en Sabadell y que resume todo lo que iba a deciros sobre la educación pública y la sanidad y la separación de poderes y tal y tal.

Se llamaba León Felipe el compositor y Héctor Alterio se llama el actor. Entre todo este trueno de opiniones, yo, que soy un tipo lento y que todo lo entiende tarde, encuentro alivio, siempre, en la cultura. O lo que sea que sea esto.
Se titula como se pregunta en el extranjero cuando nos conocen: “Pero ¿por qué habla tan alto el español”

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