infoLibre | Coles de Bruselas

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Tratando de escribir un artículo para infoLibre sobre los atentados de Bruselas, pude comprobar mi ignorancia. Yo no sé, pero lo han publicado. Lo único que quise decir es que mi padre no consiguió nunca que yo comiera las coles de Bruselas.

Me preguntaba, en una indigestión de hace unos días, por qué no relacionábamos terrorismo y pobreza igual que relacionamos un comida en mal estado con vomitar. Qué grado de desesperanza es necesaria para que broten terroristas al modo en que calculamos cuántos días deben pasar hasta que caduque una col desde que se arranca del huerto. Por qué las coles son de Bruselas y los terroristas brotan en esos barrios. Qué clima propicia el cultivo de unos y de otros, quién siembra, quién compra las semillas, quién vende las hortalizas y las armas. Quién traga. Por qué se fumiga en los campos de otros, siendo los propios propicios para tanta calamidad.

Es esto. Disculpas:

Coles de Bruselas

Lo de Tyrion Lannister y lo de la eyaculación precoz

Tyrion and Tyhsa

JR está ojeando una revista en el aeropuerto y se encuentra con el anuncio sobre una pequeña obra magnífica de la literatura. El anuncio le dice que gire la página. Sólo pone el título, el anuncio, y JR intuye que será más largo que la narración breve. “Una variación de lo de que cuando se despertó el dinosaurio aún seguía allí”. Bfff, bufó. Lo de siempre. Se las creía todas consigo porque acababa de leer un breve tratado, pero intenso, sobre la técnica del cuento tal y como la ejecutaría Tyrion Lannister si existiese de verdad. Igual existe de verdad, ¿quién lo sabe? JR no estaba dispuesto a que una conquista intelectual como la de la técnica del cuento se le escapase tan rápido. Con franqueza, me lo dijo después, lo de Tyrion le había costado pillarlo, pero lo logró.

Exigió a la literatura y a su propaganda algo difícil, algo de más de 100 páginas, no una joya breve, por lo menos 100 páginas, sí, lo justo, más largo es fácil y más corto es insustancial. Lo decía en voz alta, pero apenas audible: “al menos 100 páginas, por Dios”. No le gustó el anuncio de una obra brevísima y genial con un título tan obsceno. Hablaré otro día sobre el aburguesamiento de JR. Obsceno dijo, el cabrón.

El caso es que ahí estaba el tipo, viendo el anuncio que le decía que lo único que debía hacer era girar la hoja y disfrutar un segundo de la cumbre moderna de la literatura post-contemporánea en menos de 140 caracteres. O algo así. Caracteres o carácteres, no sabía, estaba en todo menos en la obra que vendría. Giró la hoja con arrogancia. Le llegó el anuncio por megafonía de una última llamada a un pasajero asiático. Lo dedujo por el nombre. “No lo entiendo. Es asiático”. Estaba tan poco interesado en lo que vería que aún captó la fragancia de una colonia con el olor típico de una mujer cuando sale de la ducha. “Qué fresco”, pensó. Es que tenía puestos todos los sentidos en otra cosa y hasta sintió pena de sí mismo por haber caído en una estrategia comercial tan mala: “cumbre de la literatura breve”, ponían. Para JR estaba claro que el resultado de girar la hoja sería decepcionante. Fue en ese estado de altivez cuando lo vio:

Literatura erótica para eyaculadores precoces

Capítulo I
Ella le miró.
Fin

“Hostias”, dijo en voz alta. Creo que otros le miraron, pero no puedo asegurarlo porque yo traté de memorizar los pliegues de asombro que se habían formado en la cara de JR. Entre las cejas se le acentuaron más los pliegues que alrededor de los ojos, pero no mucho, porque ahí hubo algo de sonrisa y alrededor de los ojos también hubo arrugas. Lo sé. De alguna forma JR asoció la técnica Tyrion del cuento, la estatura breve del enano y la eyaculación precoz. Tyrion era uno y trino. Era breve para todo y pensó que también genial. Vaya golpe, JR.

Yo seguí poniendo cuentos contados por Tyrion. No lo hace mal, es cierto: