Venía yo a decir algo y tal y tal

Venía yo a decir algo que se me pasaba por la cabeza sobre esta nueva legislatura, que ya parece tan larga y que nacía de una mentira en un golpe de laboratorio, cuando sin querer se me ha presentado una de las mejores noticias para la cultura, tal y como yo lo entiendo. Digo que venía yo reivindicándome aquello de la educación pública y la sanidad, la separación de poderes y tal y tal, pero en un paseo por la red he descubierto que la editorial Gredos ha publicado en formato digital su “biblioteca clásica”. Es decir, que en lugar de centrarme en Rajoy, mi cabeza se ha centrado con entusiasmo en la historia imprecisa y bella de Roma que escribió Tito Livio o en el Banquete de Platón que, junto a la Biblia, creo que dicen más de nuestra forma de percibirnos que las noticias políticas de actualidad. Y como acabo de volver de vacaciones y traigo un ritmo lento y en un nuevo país todas las miserias son lecciones y todas las lecciones son riquezas, me he tomado un tiempo para revisitar un poema que me aleccionó y enriqueció en Sabadell y que resume todo lo que iba a deciros sobre la educación pública y la sanidad y la separación de poderes y tal y tal.

Se llamaba León Felipe el compositor y Héctor Alterio se llama el actor. Entre todo este trueno de opiniones, yo, que soy un tipo lento y que todo lo entiende tarde, encuentro alivio, siempre, en la cultura. O lo que sea que sea esto.
Se titula como se pregunta en el extranjero cuando nos conocen: “Pero ¿por qué habla tan alto el español”

Experto de la ONU: “La ley mordaza le da al mundo una hoja de ruta para violar derechos”

“Bajo un gobierno que mete a alguien en la cárcel de forma injusta, el verdadero lugar para un hombre justo también es la cárcel” – Henry David Thoreau

Maina Kiai
Maina Kiai, miembro del mayor órgano de expertos independientes sobre Derechos Humanos de la ONU

The New York Times escribió un editorial duro sobre la Ley Mordaza que el Congreso español aprovó en marzo. La ley entrará en vigor, junto con la Reforma del Código Penal, el 1 de julio. “Se remonta a los días oscuros del Franquismo”, afirmaba el artículo.

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La melena brava de Raúl

Caballo en la Rapa das Bestas

Hay algo en esta imagen que no me desquicia y es la crin del caballo principal. El resto me perturba. Los ojos por ejemplo, como dijo JR, tienen una dirección delirante que más que mirar hacia algún lado muestran el estado mental del animal. Es la presa de un rapto emocional, sin duda, donde la emoción es quizá el miedo, o el terror, o el horror, sí, mejor el horror en este caballo. Se le ha unido al rapto el calor de la jornada y el movimiento tribal del grupo. Vaya ensalada. La melena en cambio está asilvestrada y es lo único cívico que se mantiene en el conjunto.

La boca, por ejemplo. Fijaos en cómo abre la boca el caballo. Le llamaré Raúl. Fijaos cómo abre la boca Raúl, desbocado. Le falta una muela. O un incisivo, si es que los caballos tienen incisivos, que imagino que no. ¿Contra qué muslo de hierba tiene que luchar? En el hueco de la pieza que le falta podría caber mi dedo supongo, si tuviera dedos. Un poquito más abajo, el labio inferior parece dislocado, por debajo de la encía. Podría tener intención de morder al caballo que tiene debajo o pegar un grito en lugar de relinchar. Me perturban las posibilidades en los gestos de Raúl. Menos mal que vuelvo a fijarme en su melena. Raúl el melenas. Melenas, coletas. Hago bromas siempre que tengo un conflicto de este tipo: cuando la realidad se sale de su sitio y se desquicia. Raúl el melenas. No me río, pero la broma me distrae. Es una forma de huir que JR dispuso para mí.

Se me ha escapado una mirada hacia el ojo de Raúl de camino hacia la melena porque en la composición imaginaria que mantengo no debería haber una media luna blanca. ¿Se le sale el ojo? ¿Notará la presión en las cuencas? Lo acabo de hacer para comprobar cómo es esa presión. ¿Y tú? He girado los ojos hacia uno de los extremos y he notado un desajuste en las órbitas. Ha sido momentáneo porque la sensación me supera. ¿Cuánto tiempo habrá estado así Raúl? Imagino que lo que dura el salto.

“Vaya salto”, pienso en voz alta. Y qué pequeñas son las patas así dobladas, qué estrechas, en relación con un cuerpo de tanta potencia. Mirad el pecho. Con un cuerpo menos definido se podría haber hecho igualmente un buen estudio de anatomía del animal. Se traza el recorrido de las venas hinchadas, incluso, y puedo llegar a intuir el sudor transpirando por el pecho de Raúl, que está desbocado…

No sé si seguir mirándolo, francamente. Pero en cierta forma el horror atrae.

JR conoció a una muchacha en una excursión de montaña que jugó durante unos minutos con el vacío de un acantilado. Estaba al borde de la peña, mirando hacia abajo y con los brazos en cruz. Soplaba mucho viento, me decía JR. “El vacío llama, ¿verdad?”, le dijo con las puntas de los zapatos flotando en el abismo. El novio la llamó por su nombre con toda naturalidad: “Lauraaaaa”. Como quien regaña a una niña por coger un caramelo del suelo. Considero que es el mismo horror, al menos el mismo mecanismo, el que atraía a aquella Laura hacia el precipicio y el que me fija a mí a la fotografía de Raúl. “Raúl es un abismo”, pienso juntándolo todo. Pero no lo entiendo, así que imagino que JR dispuso para mí, además de hacer bromas, reflexiones en momentos de tensión para liberar presiones emocionales. No sé cómo huiréis vosotros. Se ve que repetir imágenes es malo para no sé qué. ¿Y? Os la vuelvo poner para que os fijéis sin necesidad del scroll:

Caballo en la Rapa das Bestas

El pecho tiene forma de culo. Raúl pecho-culo. Raúl cucho-pelo. Raúl cecho-pulo. Nada. Es que no puedo evitar el delirio de esa mirada. Ya perdonaréis mi forma de correr.

El circo no va con los otros caballos. El único que se está volviendo loco es Raúl. ¿Por qué?

No hay más bromas fáciles. La única forma de dejar de huir es con la melena. Digo melena porque crin también me desquicia. Cuando no hago bromas ni reflexiones también consigo huir de una situación así describiendo la realidad que me desbarata. Darle nombre consigue componer alguna lógica.

En este caso puedo precisar más. Es una melena morena y lujuriosa. No es lisa, es una melena ondulada, con el brillo de las mujeres jóvenes. Dispongo la melena imaginariamente en la cabeza salvaje de las amazonas. Con esta melena la historia de Raúl, así aislada, podría acabar bien. No tendría que ser el horror de un caballo, sino la escena de un baile ritual de apareamiento, de fertilidad, en época de lluvias después de unas lunas de caza bien avenidas. Podría ser una celebración.

Se lo dije así a JR. Casi se atraganta con el café cuando me lo oyó decir. Vaya carcajadas. “Es la Rapa das Bestas“, me dijo.

En fin.

Un viaje de perros

Viaje al Monasterio de Rodes

El viaje comenzó al acostarme. De pronto vi siluetas poco definidas, sin apenas matices. El tacto se me había almohadillado, lo que supuso un retraso sensitivo, pero se compensó con una dilatada capacidad de audicion y, especialmente, por la expansión del olfato. Pude escuchar un caracol cercano arrastrándose, lo que me produjo el efecto de un puñado de gravilla instalada en mis muelas que iba masticando intermitentemente. Pero sobre todo fue el olor, como digo, porque percibí la humedad de las hormigas bajo la tierra y el verde, que tiene olor, de los matorrales.

Me había convertido en perro, me dio igual la raza pero creo que pequeño y, aunque solo conseguí destacar una silueta roja porque era mi compañera, se me mostró claramente el augurio de una aventura. El olor era excitante, prometía acción y sabía con seguridad que emanaba de aquel monasterio. Sin duda se desarrolló un sexto sentido en la frente, creo que el de la curiosidad, y seguí el camino.