Hacia las 11 del 31

Hacia las once de la mañana de un día veraniego de 2009, una niña me ofreció un colgante con toda la superstición del mundo: “toma, a mi abuela le ayudó a curarse, seguro que también le ayudará a él”. Yo lo cogí, claro, pero como quien se coge a un clavo ardiendo. Ya habíamos cruzado la frontera de la ciencia, donde solo caben esperar milagros. Ese lugar, ya sabéis. A las ocho de la tarde, ese mismo día, lo llevamos a pulso al veterinario. Me cuidé bien de colocarle el colgante antes de depositarle en la celda y tuvimos esperanza hasta que salimos, una hora más tarde, y le dije a mi madre: “mira, se le ha caído. El colgante está aquí en el suelo”. Quise decir que si un talismán se había dejado deslizar antes de entrar en un santuario, habría algún motivo por encima de mí que operase con la lógica propia del territorio supersticioso.

Se murió dos noches después, en mis manos, con una dosis de sueño, quiero pensar que eterno.

Es difícil eso del luto, así que yo cogí un boli y le escribí un relato, desde el mundo científico hacia otro muy distinto, que se titulaba “La maleta” (una maleta silenciosa, desvencijada, que sale de casa sin ruido) y que por fortuna no he podido encontrar hoy, 31 de diciembre, la fecha en la que hago propósito firme desde hace seis años de olvidarme de él. Hoy en cambio encontré dos cosas, en lugar de un antiguo relato: una canción y una idea. La canción era la más hermosa del mundo y el fondo sobre el que escribí deshuesándome aquel relato en tono elegíaco. La he vuelto a escuchar. La idea, animada, es la contraria a todo lo anterior, un propósito esperanzador, por fin: no olvidarme de él.

Nunca he sabido si acabar un texto con una cita de autoridad es buena idea, porque deja un regusto a relamido y a profundo a partes iguales. Da lo mismo: A Shakespeare le leí que conservar algo tuyo quiere decir que he conseguido olvidarte. Algo así. Voy a conservar tu recuerdo, Thor, con esta canción, y a celebrarte el nuevo año

El vuelo de Juan

El vuelo de Juan

Juan, digamos que calvo, se enfrenta al vuelo con una novela empezada y con el hipnotismo de la música del avión. Está sentado en el 20D, que ha conseguido cambiar con un portugués por el 20E. Es decir, ha evitado la ventanilla. Paso 1.

Nada diremos de su pasado alexitímico porque lo superó, aunque conviene mencionarlo por algunas de las secuelas que le quedaron incrustadas en el sistema límbico. Por ejemplo, reconoce las sensaciones corporales de la ansiedad pero es incapaz de reconocer que la padece.

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La niña del ascensor

Ascensor

Cada mañana sigo el mismo ritual. Parte del rito consiste en abrir la puerta del ascensor, pon que a las 7:00 am, y tratar de sonreír a la niña, vecina, que se esconde detrás del abrigo de su madre. Como somos 4 con la niña, sus padres y yo, apenas cabemos en el ascensor, de manera que el único movimiento posible es el cervical. Muevo la cabeza hacia arriba, con lo que o me topo con el aviso “se acerquen niños a la entrada”, o abajo, con lo que me topo con la niña real. Hay un resquicio para mirar al espejo, pero no me gusta verme por las mañanas. Es parte del ritual.

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Viajes de película: This is England

904 hombres (649 argentinos, 255 británicos) perdieron la vida en una guerra absurda y política (absurdo como los adjetivos “absurda y polítuco” aplicados a una guerra), la de las Malvinas, para que una mujer recuperara el orgullo patrio de su país y con ello el apoyo para mantener el poder. La mujer era Margaret Thatcher (la misma que aplicó el neoliberalismo de Estado) y el país era Inglaterra. El año, el 1983.

Uno maneja cifras de muertos con un tono de estadística de contabilidad terrible. Pero ¿y las secuelas de esas muertes, de ese orgullo patrio, en las familias de aquellos británicos fallecidos allí, en unas islas de la costa argentina? Pues de eso va la película This is England, de la otra Inglaterra, la que no es el Big Ben ni el London Bridge.

Otro tipo de viaje, histórico y presente, genial técnicamente y capaz de llamar a la reflexión con la mirada de un chaval de 12 años. El tono, con toda la tragedia que hay detrás, impide al espectador (tú y yo) sensibilizarse, así que nos hace tomar distancia, incluso tomar sonrisas inesperadas, porque de meternos de lleno no llegamos al minuto 20. Cualquier domingo es bueno para verla.

Verdad o mentira: “Desde Barcelona y en avión, llego antes y más barato a Vietnam que a Cuenca”

Os propongo un pequeño juego: Verdad o mentira. Sólo tenéis que añadir en los comentarios si creéis que la frase es cierta o es falsa. Prometo demostrarlo. ¿Tú que crees?

Barcelona – Cuenca: 1.317,62€ Duración: 59h 20′

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Barcelona – Vietnam: 901,48€ Duración: 49h 55′

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Bañarse con atunes y otros dilemas

Experiencia con atunes rojos en Tuna tour

Tuve ocasión el pasado domingo, 19 de mayo, de disfrutar de una experiencia en alta mar: bañarse con atunes rojos. Pesan 200 kg y miden 2 m, aunque pueden llegar a triplicar el peso y aumentar el tamaño. Se comercializa la actividad a 50€ y lo hace la empresa atunera Balfegó en una de sus piscinas de acuicultura, en l’Ametlla de Mar (Tarragona).

La actividad es emocionante y atractiva. Pero implica una serie de retos morales de los que es difícil salir victorioso. Si en lugar de piscinas le llamas granja de engorde o jaula, la disposición cambia. Si aplicas “comando de caza” por “periodo de veda”, también. Si le llamas tour en lugar de “circo”, el problema empieza a aflorar. Y si después de leer varios artículos descubres que el atún rojo del Mediterráneo está en peligro de extinción, el problema empieza a ser evidente en tu cabeza cuando unos minutos antes era sólo una intuición.

No vendemos si no nos interesa el precio que ofrecen. Los atunes no son como televisores, que en seguida se quedan obsoletos. Todo lo contrario. Si esperamos, engordan. Es como si almacenaras una televisión de 22 pulgadas y cuando la fueras a vender hubiera crecido hasta las 26″, afirmó Juan Serrano, director general del Grupo Balfegó.

Los responsables de la empresa aseguran que la actividad es un ejercicio de transparencia, y los puedes creer, y que respetan los límites de captura que manda la legislación, cosa que también te puedes creer. Pero puede pasar que también te puedes creer las afirmaciones de algunos medios que van en un sentido totalmente contrario.

Es incuestionable la cantidad de puestos de trabajo, más de 2.000, que crea esta industria en este pueblo costero. Que el atún rojo salvaje es delicioso (otro reto moral después de bañarte con ellos) y que los intereses turísticos se adaptan muy bien a este tipo de actividades. Pero, analizando la realidad capitalista, ¿hasta dónde puedes creer las afirmaciones de grupos económicos tan poderosos? Y por otro lado, ¿por qué disfruté tanto?

Dejo, a quien le interese, la experiencia turística de bañarse con atunes.

Vaya dilema, el hombre.

Blogger de viaje, el nuevo superhéroe

Blogger de viajes

Vuelvo del TBMCatSur, de conocer a más de 100 bloggers de viaje (todos ellos apasionados, curiosos, muchos de carácter alegre, algunos otros tímidos en las distancias cortas y casi todos con cierta predisposición a las aventuras) cuando me pasa por la cabeza la idea fundada de que todos, sin excepción, deberán convertirse en los nuevos héroes de Marvel o DC Comics.

Un blogger de viaje, cuando ha conquistado ese nombre, ya cuida de un espacio virtual propio (que llamaremos blog) por el que se desplaza de una punta del mundo (aunque es redondo) hasta la otra. Lo lleva haciendo años, como Batman lleva también décadas recorriendo de una punta a otra las calles de Gotham City con su batmóvil.

Antes de ser blogger y antes de ser Batman, uno ha debido montarse su espacio virtual y otro su coche. Le han construido a Batman, como a Spiderman, un traje a medida, que en el caso del blogger es una plataforma (que llamaremos blogger o wordpress) donde meterá su contenido desnudo, literalmente, como aquellos otros añaden su cuerpo desnudo a las telas.

El blogger puede desplazarse por el mundo virtual y ya es capaz de desnudarse para meter el contenido. Cualquiera diría que lo tiene todo para empezar a salvar el mundo de los malos. Pero todavía es temprano, porque antes de alcanzar tal equipamiento le han comentado que necesita un servidor, que es lo mismo que comentarle de pasada a Batman, Spiderman o Superman (ahora añadimos a Superman) que necesitan una casa en la que vivir, por muchos superpoderes que tenga.

Así que antes de obtener un espacio virtual propio (que llamaremos blog) y una plataforma (que llamaremos blogger o wordpress), necesita una casa, un servidor capaz de atender llamadas, devolver visitas, gestionar temporales y bloquear a los ladrones. Nuestro superhéroe de viajes no ha echado todavía a volar cuando ya ve que lo de ser un blogger plenipotenciario es más complicado de lo que parecía.

Se despertó un día con un superpoder, que era su curiosidad por el mundo, y resulta que su pasión es su condena: necesitará antes de nada saber leer estadísticas como el Hombre de Goma debe controlar su elasticidad antes de hacerse un lío consigo mismo. Deberá también conseguir posicionar su don para que le vean, que es como si la Mujer Invisible grita en plena Plaza de Sol tratando de convencer a los pobres ciudadanos de que admiren su poder porque si no lo ven, no le sirve de nada.

Nuestro blogger de viajes es al principio una persona normal, como lo fueron los superhéroes de la Marvel, atento a su don más que a la fórmula con que vivir de su don. Quiere volver a serlo, una persona normal por así decirlo, tras la conquista de sus poderes, ante tanto agobio como sufre, una vuelta a los orígenes al modo que muestran las moralinas de los comics.

Para dedicarse a lo que quieren el superblogger y los superhéroes, que es salvar el mundo, unos de la ignorancia cultural y otros de los supermalos, necesita ser el ingeniero insuperable que construya el batmóvil, el modista genial que adapte la tela a las exigencias, el superproductor fantástico que le ha dado a conocer en todos los canales, el informático capaz de programar toda la casa para convertirla en el colmo de la domótica, el arquitecto único que diseñe y el albañil humilde que la enladrille antes de domotizarla. El superblogger, nuestro blogger de viaje, ha nacido con la necesidad de contarle al mundo sus aventuras, pero tiene que hacerlo todo solo, lo que es una exigencia inverosímil incluso para un cómic de ciencia ficción.

Lo que no sabe es que ni Batman, ni Spiderman, ni Superman, ni el Hombre de Goma, ni la Mujer Invisible siempre han ido acompañados, cumpliendo el dicho de Woody Allen de que de detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, al modo que los superhéroes han necesitado ingenieros e informáticos, médicos y químicos, igual que han necesitado también sus propias historias de amor y hasta la ayuda de otros superhéroes para salir del paso. La historia, de lo contrario, no se sostiene. El niño deja de leer y (mirad lo que ha conseguido ese maldito blogger) vuelve a violentar al barrio con su tirachinas.

Nadie le ha dicho todavía a nuestro blogger de viaje que todo lo que necesita es una buena historia y buenos apoyos, porque solos no somos nadie ni como bloggers ni como personas, y que es ya una heroicidad conseguir echarse a volar.