Las Dunas de Maspalomas, un desierto cuántico

Dunas de Maspalomas
Dunas de Maspalomas

En el desierto de Maspalomas (Gran Canaria) vi pájaros, arbustos y turistas. La sensación de soledad se produjo a medias. El paisaje estaba allí, era un desierto, era real, aunque ninguna circunstancia más lo confirmaba. ¿Qué hacía allí ese pájaro? ¿Y esos nudistas? ¿A qué venía ese océano Atlántico delante, a molestar?

Tuve que pellizcar a la arena para que el desierto supiera que no estaba soñando. De haber sido desierto yo, no me lo habría creído. Sería como un perro con jersey: habrían confundido mi identidad irreparablemente. Entre carrera y carrera por las dunas tuve que detenerme (como se detiene Homer cuando le asaltan ideas absurdas): “es un desierto cuántico“, pensé, “puede estar y no estar al mismo tiempo”. Ese niño que corre, podría ser y no ser mi primo.

Dunas de Maspalomas
Dunas de Maspalomas
Dunas de Maspalomas
Dunas de Maspalomas

Las dunas de Maspalomas son un lugar rarísimo.

Verdad o mentira: “Desde Barcelona y en avión, llego antes y más barato a Vietnam que a Cuenca”

Os propongo un pequeño juego: Verdad o mentira. Sólo tenéis que añadir en los comentarios si creéis que la frase es cierta o es falsa. Prometo demostrarlo. ¿Tú que crees?

Barcelona – Cuenca: 1.317,62€ Duración: 59h 20′

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Barcelona – Vietnam: 901,48€ Duración: 49h 55′

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Bañarse con atunes y otros dilemas

Experiencia con atunes rojos en Tuna tour

Tuve ocasión el pasado domingo, 19 de mayo, de disfrutar de una experiencia en alta mar: bañarse con atunes rojos. Pesan 200 kg y miden 2 m, aunque pueden llegar a triplicar el peso y aumentar el tamaño. Se comercializa la actividad a 50€ y lo hace la empresa atunera Balfegó en una de sus piscinas de acuicultura, en l’Ametlla de Mar (Tarragona).

La actividad es emocionante y atractiva. Pero implica una serie de retos morales de los que es difícil salir victorioso. Si en lugar de piscinas le llamas granja de engorde o jaula, la disposición cambia. Si aplicas “comando de caza” por “periodo de veda”, también. Si le llamas tour en lugar de “circo”, el problema empieza a aflorar. Y si después de leer varios artículos descubres que el atún rojo del Mediterráneo está en peligro de extinción, el problema empieza a ser evidente en tu cabeza cuando unos minutos antes era sólo una intuición.

No vendemos si no nos interesa el precio que ofrecen. Los atunes no son como televisores, que en seguida se quedan obsoletos. Todo lo contrario. Si esperamos, engordan. Es como si almacenaras una televisión de 22 pulgadas y cuando la fueras a vender hubiera crecido hasta las 26″, afirmó Juan Serrano, director general del Grupo Balfegó.

Los responsables de la empresa aseguran que la actividad es un ejercicio de transparencia, y los puedes creer, y que respetan los límites de captura que manda la legislación, cosa que también te puedes creer. Pero puede pasar que también te puedes creer las afirmaciones de algunos medios que van en un sentido totalmente contrario.

Es incuestionable la cantidad de puestos de trabajo, más de 2.000, que crea esta industria en este pueblo costero. Que el atún rojo salvaje es delicioso (otro reto moral después de bañarte con ellos) y que los intereses turísticos se adaptan muy bien a este tipo de actividades. Pero, analizando la realidad capitalista, ¿hasta dónde puedes creer las afirmaciones de grupos económicos tan poderosos? Y por otro lado, ¿por qué disfruté tanto?

Dejo, a quien le interese, la experiencia turística de bañarse con atunes.

Vaya dilema, el hombre.

Blogger de viaje, el nuevo superhéroe

Blogger de viajes

Vuelvo del TBMCatSur, de conocer a más de 100 bloggers de viaje (todos ellos apasionados, curiosos, muchos de carácter alegre, algunos otros tímidos en las distancias cortas y casi todos con cierta predisposición a las aventuras) cuando me pasa por la cabeza la idea fundada de que todos, sin excepción, deberán convertirse en los nuevos héroes de Marvel o DC Comics.

Un blogger de viaje, cuando ha conquistado ese nombre, ya cuida de un espacio virtual propio (que llamaremos blog) por el que se desplaza de una punta del mundo (aunque es redondo) hasta la otra. Lo lleva haciendo años, como Batman lleva también décadas recorriendo de una punta a otra las calles de Gotham City con su batmóvil.

Antes de ser blogger y antes de ser Batman, uno ha debido montarse su espacio virtual y otro su coche. Le han construido a Batman, como a Spiderman, un traje a medida, que en el caso del blogger es una plataforma (que llamaremos blogger o wordpress) donde meterá su contenido desnudo, literalmente, como aquellos otros añaden su cuerpo desnudo a las telas.

El blogger puede desplazarse por el mundo virtual y ya es capaz de desnudarse para meter el contenido. Cualquiera diría que lo tiene todo para empezar a salvar el mundo de los malos. Pero todavía es temprano, porque antes de alcanzar tal equipamiento le han comentado que necesita un servidor, que es lo mismo que comentarle de pasada a Batman, Spiderman o Superman (ahora añadimos a Superman) que necesitan una casa en la que vivir, por muchos superpoderes que tenga.

Así que antes de obtener un espacio virtual propio (que llamaremos blog) y una plataforma (que llamaremos blogger o wordpress), necesita una casa, un servidor capaz de atender llamadas, devolver visitas, gestionar temporales y bloquear a los ladrones. Nuestro superhéroe de viajes no ha echado todavía a volar cuando ya ve que lo de ser un blogger plenipotenciario es más complicado de lo que parecía.

Se despertó un día con un superpoder, que era su curiosidad por el mundo, y resulta que su pasión es su condena: necesitará antes de nada saber leer estadísticas como el Hombre de Goma debe controlar su elasticidad antes de hacerse un lío consigo mismo. Deberá también conseguir posicionar su don para que le vean, que es como si la Mujer Invisible grita en plena Plaza de Sol tratando de convencer a los pobres ciudadanos de que admiren su poder porque si no lo ven, no le sirve de nada.

Nuestro blogger de viajes es al principio una persona normal, como lo fueron los superhéroes de la Marvel, atento a su don más que a la fórmula con que vivir de su don. Quiere volver a serlo, una persona normal por así decirlo, tras la conquista de sus poderes, ante tanto agobio como sufre, una vuelta a los orígenes al modo que muestran las moralinas de los comics.

Para dedicarse a lo que quieren el superblogger y los superhéroes, que es salvar el mundo, unos de la ignorancia cultural y otros de los supermalos, necesita ser el ingeniero insuperable que construya el batmóvil, el modista genial que adapte la tela a las exigencias, el superproductor fantástico que le ha dado a conocer en todos los canales, el informático capaz de programar toda la casa para convertirla en el colmo de la domótica, el arquitecto único que diseñe y el albañil humilde que la enladrille antes de domotizarla. El superblogger, nuestro blogger de viaje, ha nacido con la necesidad de contarle al mundo sus aventuras, pero tiene que hacerlo todo solo, lo que es una exigencia inverosímil incluso para un cómic de ciencia ficción.

Lo que no sabe es que ni Batman, ni Spiderman, ni Superman, ni el Hombre de Goma, ni la Mujer Invisible siempre han ido acompañados, cumpliendo el dicho de Woody Allen de que de detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, al modo que los superhéroes han necesitado ingenieros e informáticos, médicos y químicos, igual que han necesitado también sus propias historias de amor y hasta la ayuda de otros superhéroes para salir del paso. La historia, de lo contrario, no se sostiene. El niño deja de leer y (mirad lo que ha conseguido ese maldito blogger) vuelve a violentar al barrio con su tirachinas.

Nadie le ha dicho todavía a nuestro blogger de viaje que todo lo que necesita es una buena historia y buenos apoyos, porque solos no somos nadie ni como bloggers ni como personas, y que es ya una heroicidad conseguir echarse a volar.

Entrevistando a Iris Scott, la pintora sin pinceles

Iris Scott, pintora sin pinceles

En inglés, la técnica que utiliza la artista Iris Scott es fingerpainting. Se podría decir que la inventó ella, aunque pertenezca indudablemente a los niños. He tenido ocasión de entrevistarla, ella en Nicaragua y yo en Barcelona, para la revista Cultudelia. La pillé de viaje, que junto al arte es su pasión y muchas veces su fuente de inspiración. No quiero saber cómo habrá dejado el teléfono al descolgar. Os dejo aquí el artículo:

Enzo Vizcaíno, el periodista que canta su currículum

Tú buscas “Enzo Vizcaíno” y Google te devuelve 178.000 resultados. Para alguien que busca trabajo no está nada mal, especialmente si en los resultados aparece ese alguien cantando su currículum. Si lo hubieses buscado hace 3 días, Google te habría dado resultados, pero quizás de un equipo de fútbol, de basket o vete tú a saber.

A Enzo Vizcaíno le ha valido más una acción creativa en el metro de Barcelona que sus años de licenciatura en Periodismo (Universidad Miguel Hernández, Elche) y su posgrado. A tenor de la letra, que no he contrastado con la realidad de Enzo Vizcaíno, el tipo es una fiera de toda la cosa virtual de los contenidos y el management en redes sociales. Pero no canta para alardear, en caso de ser cierto todo el mensaje, sino que es un canto a la oportunidad.

Se subió el vídeo el 13 de mayo y hoy, 15M, la han visto 114.579 veces, incluida la mía.

El tema es: las fotocopias se han puesto carísimas. Y yo no puedo permitirme seguir gastándome dinero en copias de mi currículum para que, en el mejor de los casos, acaben en el contenedor de reciclaje azul. Por eso, he decidido ofrecer mis servicios en el metro, cantando con el ukelele mi Currículum Vitae

creíaqueramosamigos, su página.

Jacobo Serra, la persona y el cuerpo

Jacobo Serra y Robert Contreras en Barcelona

La historia de Jacobo Serra es la de un joven que ha cogido la toalla en lugar de tirarla. Es una toalla musical, artística, por lo que parece que, tal y como está el patio, tiene más motivos que nadie para dedicarse al derecho anglosajón, que es lo que ha estudiado, en lugar de a la cultura.

Sobrevive con ilusiones (menos mal) y con algunas traducciones inglés-español desde Madrid. Llegó de Inglaterra hace 3 meses, se afincó en la capital con su pareja y ya está dándolo todo con su primer EP The world I never say.

Jacobo Serra en la sala Sidecar de Barcelona

Lo diré al modo de Millás: “cuando quedas con Jacobo primero llega él y al rato su cuerpo”. Tiene cuanto puede necesitar un músico: talento, capacidad y un carácter conciliador que le sacará de cualquier apuro. El suyo es el retrato de un hombre en lugar del del rockero irreverente, personaje incluso en su vida cotidiana, apartado de los circuitos del marketing de genio outsider. Su imagen de artista (su cuerpo) es una y la del hombre otra (él). Te lo presentan como el músico, que lo es pese a su juventud, así que sorprende que lo que primero llegue es una persona. Después, sobre el escenario, llega el cuerpo de un artista: una guitarra, una camisa moderna y unos vaqueros modernos, un pañuelo azul al cuello, un peinado a juego con unas gafas de pasta que no lleva, la voz tranquila.

Le entrevistamos, le fotografiamos y nos dimos un paseo por Barcelona hasta la sala Sidecar, en Plaça Reial. Allí llegó su cuerpo. Llegó cuanto tenía que llegar de un músico. Observas y escuhas: “qué tablas tiene”, piensas, “pero es joven”, te sorprendes. “Aún puede cambiar ese estilo tan melancólico”, opinas: “ves, un blues, qué ritmo”.

Jacobo Serra guitarra

Abandonas la sala Sidecar, te alejas del cuerpo, piensas en la persona, y esperas que su música y su estilo evolucionen para el entretenimiento y el pensamiento, ya que tiene capacidad sobrada, y que la fama no se lo trague.

Un viaje de perros

Viaje al Monasterio de Rodes

El viaje comenzó al acostarme. De pronto vi siluetas poco definidas, sin apenas matices. El tacto se me había almohadillado, lo que supuso un retraso sensitivo, pero se compensó con una dilatada capacidad de audicion y, especialmente, por la expansión del olfato. Pude escuchar un caracol cercano arrastrándose, lo que me produjo el efecto de un puñado de gravilla instalada en mis muelas que iba masticando intermitentemente. Pero sobre todo fue el olor, como digo, porque percibí la humedad de las hormigas bajo la tierra y el verde, que tiene olor, de los matorrales.

Me había convertido en perro, me dio igual la raza pero creo que pequeño y, aunque solo conseguí destacar una silueta roja porque era mi compañera, se me mostró claramente el augurio de una aventura. El olor era excitante, prometía acción y sabía con seguridad que emanaba de aquel monasterio. Sin duda se desarrolló un sexto sentido en la frente, creo que el de la curiosidad, y seguí el camino.

La gramática de Gijón

Elogio del horizonte en Gijón
Elogio del horizonte en Gijón. Fuente: Ricardo Samaniego.

Si decir de una ciudad que tiene 2.500 años de historia puede parecer mucho, en el caso de Gijón no es nada. Habría que añadir que es un don del Mar Cantábrico, como Egipto lo es del Nilo, y que el agua lo ha conquistado todo a sus habitantes, sus obras, su cultura, su paladar y en suma toda su realidad: su lenguaje.

La gramática de Gijón es un superlativo primario, igual que las primeras rimas de los niños: “pasó un camión y se comió un melón”.Los niños lo hacen porque es rítmico, visual y agrandan las palabras. Con la palabra “Gijón” pasa igual: ese “ón” agranda la ciudad y la propia fisonomía urbana coincide con cada una de sus letras. Es sorprendente, pero los nombres se parecen a la cosa que designan.

Hacedlo con otra palabra: por ejemplo, “comilón”. En seguida aparece un hombre grueso en nuestra cabeza mientras formamos con esa boquita final la “o”. Nuestro gesto al pronunciar la palabra y el objeto que se nos aparece es un todo redondo. Con Gijón ocurre lo mismo: el Sur de la ciudad, a vista de pájaro, se dispone como una G tumbada. La “i” se corresponde con nuestro gesto, que se dilata y se expande hacia las orejas lo mismo que Gijón hacia sus laterales.

Así se recorre la zona “Gi”, como si dijéramos. Pero si uno se conduce hasta el barrio de Cimadevilla llegará a un peñón unido al cuerpo de la ciudad (de su palabra) por un istmo, que por alguna razón se parece a la “j”. El puntito que corona esta última letra es un aviso de lo que vendrá: una gran “o”, acentuada. Qué cosas. Desde Cimadevilla, ya ubicados en ese “ón” final, se contempla por fin la amplitud del mar. El final de la palabra, como el de Gijón, impone una mueca de sorpresa, una boca bien redonda. Un horizonte rítmico, visual y agrandado. Completamente “ón”

GI-J-ÓN. Tres sílabas. IM-PREZIONANTE. Dos.

Quiero decir que la palabra y la estructura de ciudad se parecen, incluso en el orden.

Seguramente sonreirá con la vista, allí, el viajero desde Cimadevilla. Muy cerca de allí, a la vista, quedan los restos de lo que fue el origen de Gijón: el castro Noega en Campa de Torres. El maestro Fidias dirigía las obras del Partenón de la Atenas clásica mientras allí los astures fortificaron su castro frente al mar bravo. 2.500 años después y una abecedario repleto de palabras de por medio el visitante topa con una paisaje diferente pero una gramática muy parecida: la del mar.

Se sorprende uno cuando encuentra en el lenguaje injusticias de género, como por qué hay playas y no “playos”. Pero en Gijón la sorpresa es que sí que existen los “playos”, como una forma de impartir justicia gramatical. Los “playos” son los vecinos del barrio de Cimadevilla, dedicados en su mayoría a la pesca y que habitan las “mariñanas”, las casas típicas del barrio, la tipografía del lugar, como si dijéramos.

La gramática de Gijón (Gigia para los romanos) se mueve por la ciudad como el Home Marín asturiano, mitad hombre y mitad pez: con la misma facilidad por la tierra que por el mar. Toda la ciudad, desde sus orígenes, parece mantenerse en una secuencia líquida de sabores y costumbres.

Palacio de Revillagigedo de Gijón
Palacio de Revillagigedo. Fuente: Fernando García.

Así, líquidamente, se aviene uno a bien decir el Palacio que lo sobrecogerá, el de Revillagigedo. Se pronuncia por primera vez como la ola que llega hasta golpear contra la roca, rítmicamente colapsado en esas “ges” tan juntas: Revilla-gi-ge-do. Para el segundo intento uno se pierde, también líquidamente, entre la experiencia histórica del palacio y los orígenes sonoros del lugar, “Gigia”. Y todo vuelve a inundarse de historia y de mar.

Inundado por las sensaciones culturales, las referencias históricas y los olores (que ya hablaremos de los olores, ya), Gijón pone los acentos en instalaciones como el Jardín Botánico Atlántico (con todas sus palabras acentuadas). Los acentos de Gijón dan la medida correcta al tono de la ciudad, que es un tono de mar, como si los golpes de la voz fuesen las paradas de visita obligada.

Otro acento, de 10 metros y 500 toneladas (está sobre una “o”, claro), lo levantó el mismo artista que peinaba los vientos, sólo que para esta vez construyó un Elogio al Horizonte. Es un elogio enorme, un gran elogio. Uno se mete en la escultura inmensa y se siente abrazado sin cuerpo por unas paredes sin consistencia y protegido por un techo de cielo. Casi nada. Pero faltaba su lenguaje, y por poner, a Gijón le han puesto hasta silbidos. La respiración del mar se eleva y disminuye desde el horizonte a la costa. Cuando llega, emite en la escultura su lenguaje cifrado. Le han puesto verbo al viento, en Gijón.

Por último, la pragmática. “La relación de los usuarios y sus circunstancias con el lenguaje” se establece unilateralmente mediante los sabores. La síntesis lingüística en Gijón es emocional. Y llega a través del paladar.

Tapas y gastronomía de Gijón
Tapas en Gijón. Fuente: Fenicia Marketing Gourmet

Si en Gijón no se desperdician ni los silbidos, como veis, qué no harán con la comida. A la gran gastronomía de Gijón, a los productos “grandones”, le han añadido complementos del nombre diminutivos, alegres: el pulpín con patatines, por ejemplo.

Con razón se ha elegido #SaboreandoGijón como la etiqueta temática del próximo blogtrip, porque la gramática de su lenguaje es sensacional.

Recuerdo aquel anuncio que estimulaba una respuesta imposible cuando preguntaban a qué huelen las nubes. Seguramente a vapor, o sea, a nada, porque el agua ya sabéis que no es nada y es todo. Y ¿a qué sabe Gijón? Espero descubrirlo pronto.