Sobre él

Me llamo JR. Digo JR porque Javier Rodríguez tiene menos empaque y eso parece tener relación con que la realidad seca, sorbida en cuchara de palo, gusta menos.

Esa actitud me viene bien. Veréis, se da la circunstancia de que alguien que se llama JR también es periodista de ficción. Tener un homónimo periodista realza el ego, lo cual es un aderezo cojonudo, y puede cambiarte la vida.

Traté de suplantar la identidad de JR, el periodista, como haría cualquiera de vosotros, pero a mí me pilló. El fallo estuvo en Twitter. Habría llevado toda la farsa de suplantarle la vida de no haber sido por la ambición. El Imperio Romano cayó por ambicioso. No bastaba con utilizar su nombre para enviar mis propios artículos a los medios ni con saber que debía poner un límite a la aventura cuando aquel día me paseé por su barrio, qué temeridad, y le dije a la charcutera que pusiera dos muslitos, porque averigué que era muy de diminutivos, hasta ese punto había llegado. Como ella me respondió con una sonrisa familiar me envalentoné y le solté un “me llamo JR”. “¿Pues cómo te vas a llamar?”, que respondió ella.

Lo dije sin pensar, asimilado ya a otra dimensión. De haberme llamado David me habría pillado ahí mismo la charcutera. Allí eché el freno, por decirlo así. Unos días más tarde me hice un Twitter y fue cuando acabó aquello. Cómo no iba a terminar contando su vida a sus amigos con su nombre.

En lugar de enfadarse se inventó un juego. Me propuso que yo fuera un personaje suyo, porque él era periodista de ficción. No lo entendí, pero me lo explicó con paciencia. “Recojo los materiales de la realidad y los saco de sus límites con los recursos de la ficción”. Que coge el mundo y lo reconstruye como en las novelas, por decirlo pronto. Abundando en la explicación, me dijo que ser su personaje implicaba darme cierta consistencia pero que como sólo existiría en el papel, o en la pantalla, lo más que podría darme era la voz. Además, le faltaba tiempo y necesitaba un ayudante.

“Yo quiero ser más”, y se lo grité porque me parecía haber empequeñecido. “Quiero que me regales un calcetín y poder ponérmelo”. Lo solté porque algo tan cotidiano me parecía muchísimo más consistente que la voz. Pero de alguna manera me convenció. Me propuso ver sin ser visto y oír y tocar y saborear y oler como lo haría el hombre invisible.

A mí me pareció bien, así que desde entonces recojo la realidad para que JR los ficcione, supongo que a través de mi voz. Desde su punto de vista, darle la vuelta al mundo es la única manera que tiene para comprenderlo o para que le emocione, no lo he entendido muy bien.

Y como es mi voz esta, haremos como si JR no existiera y yo fuera invisible.

4 comentarios sobre “Sobre él”

Deja un comentario